Una mancha indeleble que duele… Una intolerancia absurda y condenable

ESPECIAL (por Francisco Pancho Calderón).- Finalmente, las pintadas Pro Aborto Legal y Pro Vida no pudieron sacarse pese a la noble intención de un pequeño grupo de jóvenes que reivindicó el Derecho de TODOS los paranaenses en, como mínimo, ser respetados por todos aquellos que se expresan por vías o canales inapropiados mediante una conducta de execrable insolencia.

 

Ya ni siquiera merece recordarse el hilo conductor de tanta irreverencia pues el revisionismo de tan condenable fundamentalismo es infecundo. Sin embargo, es imprescindible condensar para al menos procurar interpretar tanto absurdo.

 

Unos se manifestaron estampando impunemente frente a la Catedral Metropolitana su emblema identitario en cuanto al debate social generado por el tratamiento legislativo del Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, Despenalización del Aborto, y/o Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Otros, no tuvieron mejor idea que reflejar con otra pintada reprensible su postura antagónica.

 

Unos renovaron la actitud hostil primaria, otros agravaron el enchastre. Cada episodio, sorpresivamente, sin intervención policial hasta que una mujer, presuntamente vinculada a la Municipalidad de Paraná, explotó en ira y asumió un posicionamiento extremadamente agresivo, procurando unas calmarla y otras incrementar su ira con histrionismos inconducentes.

Más allá de la tardía actuación de las fuerzas del orden, el episodio no fue más grave por milagro. Pero algo más desagradable estaba por ocurrir. El mismo grupo que había tratado de “redecorar” la intervención artística inconveniente y confrontativa, incurrió en el bochorno de enchastrar todo.

 

Con un repudio unánime a los dos sectores discrepantes en Redes Sociales, se logró despertar la sana reacción de jóvenes que intentaron limpiar tan caótica escena a metros del monumento al General San Martín.

El propósito solo consiguió disimular el desastre, pero el piso quedó severamente dañado. O sea, un daño irreparable, salvo que sea tratado por especialistas en restauración.

 

Resumen: dos facciones fanáticas, extremistas que con una cuota exacerbada de intolerancia provocaron un sensible perjuicio, y una Policía de Entre Ríos, poco comprometida con el orden, quizás dubitativa o temerosa de las reacciones habituales de quienes cotidianamente evidencian signos perturbadores de anarquía.

Nuestras fotos lo dicen todo. Queda la chance que un especialista en reparaciones de esta índole o características consiga remediar tan atroz afrenta.

Mientras, la sensación espiritual es amarga, funesta. Se entrecruzan sentimientos de bronca, impotencia, desazón.

 

Es inevitable exhortarlos a que terminen de lastimar la ciudad con sus procederes arbitrarios. No queremos más este tipo de pronunciamientos agresivos. Y SÍ queremos que la Policía actúe para persuadir y/o disuadir esta clase de comportamientos reñidos con la sana convivencia. Como ciudadanos, como comunidad, tenemos el Derecho de demandar ello.