Tierna emoción de un hijo ante la lucha paradigmática de su madre

ESPECIAL (por Daniel Enz *).- Mi madre, Nilda Tanino de Enz, va a cumplir 84 años en este 2019. Dedicó buena parte de su vida a luchar junto a los enfermos de cáncer en Reconquista, presidiendo por diversos períodos lo que sería Lalcec. Hoy, en la Cámara de Diputados de Santa Fe, fue reconocida junto a otras 21 mujeres luchadoras de la provincia.

 

Codo a codo; quitándole horas a sus nietos, sus hijos y sus amigas, siempre fue más fuerte la ayuda por conseguir un mamógrafo, la solidaridad y el compromiso, junto a su grupo de gente. Había que pelear cada día por el enfermo de cáncer. Ella ya sufrió bastante con esa enfermedad.

Perdió a su marido, mi padre, pero también a sus padres y a sus hermanos. A todos se los llevó el cáncer. Pero mi vieja no se encerró a llorar las ausencias; salió a pelear por los que precisaban ayuda.

 

En todos esos años, quizás lloró más por la impotencia, la falta de compromiso y sensibilidad de demasiados referentes políticos, funcionarios o empresarios, que nunca entendieron que la enfermedad a todos nos alcanza.

Hoy, en la Cámara de Diputados de Santa Fe, fue reconocida junto a otras 21 mujeres luchadoras de la provincia. No pudo hablar de la emoción. Se quebró después de decir algunas pocas palabras.

 

“Qué voy a decir yo, después de escuchar los testimonios de esas mujeres luchadoras, que pelean contra los violadores, los asesinos, los perversos y la falta de justicia”, nos dijo a mi hermano Darío y a mí.

Ese silencio de palabras ante un auditorio colmado, fue su humilde homenaje para esas batalladoras del dolor, a las que también aplaudió a rabiar, con algunas lágrimas en los ojos. Con el amor que siempre la caracterizó.

(*) Director Periodístico de Análisis.-