Por más que el campo despotrique, Macri volverá a mentir y apelará a las retenciones

Cuántas más medidas toman, más sube el dólar. Estamos viendo un impacto de retroalimentación. El mercado ve a Mauricio Macri asustado y metiendo manotazos de ahogado, lo interpreta negativamente y se dolariza. La suba de tasas al 60% que estableció la máxima autoridad monetaria no evitó que el dólar supere los $40, mientras se descuenta los efectos nefastos sobre la economía. Todo esto significa más recesión, rompiendo en absoluto la cadena de crédito. De tal modo, el efecto recesivo se profundizará aún más producto de la espiralización inflacionaria que traerá aparejada la nueva devaluación.

 

Obviamente que con este panorama no se descarta una mayor devaluación teniendo en cuenta el cronograma de desarme de Lebacs superior a los $400.000 millones previsto hasta diciembre, por lo que es muy improbable que se baje la tasa.

 

Y en ese sentido, es imposible en este contexto bajar la tasa al mismo tiempo que se da el desarme de Lebacs, con lo cual una posibilidad es acelerar el desarme y que tengas una suba fuerte del dólar. De otro modo, la gradualidad del desarme hace que tengas una tasa alta durante mucho tiempo y es una muerte prolongada.

 

La coincidencia en el mercado es que la falta de confianza es total y que se necesita un cambio de nombres lo antes posibles. El riesgo país trepa a índices alarmantes y por ende hay en el mercado financiero mundial un rechazo a todo lo argentino.

 

Por ello, se ve en la televisión que muchos economistas piden un nuevo plan de estabilización en el marco de un acuerdo político con el peronismo, que acelere radicalmente las mejoras en términos fiscales.

Así se alude a que con un dólar promedio a $40 y poniendo retenciones del 34,5% al complejo sojero, se genera un ahorro fiscal del 1,3% del PBI en 2019, lo que permitiría hipotéticamente llegar a déficit cero.

 

Este esquema de retenciones transitorias que califican como “inevitable”, a su vez, serviría para amortiguar el impacto de la inflación sobre un salario promedio que según el propio Ministerio de Trabajo ya cayó 4,3 puntos porcentuales en términos reales sin contar este nuevo shock cambiario.

 

El propio FMI ya había propuesto una medida similar en el acuerdo original firmado en junio, pero Macri y Etchevhere lo rechazaron. El ajuste del gasto que pide el FMI implica una fuertísima caída de la actividad. Por consecuencia, tiene sentido pensar un aumento de retenciones como una medida de emergencia para aliviar este ajuste más allá de las quejas lógicas que surgirán desde el campo.

 

A su vez, el ajuste podría potenciar los efectos recesivos generando una caída de los ingresos, dado que la estructura impositiva argentina se sostiene mayoritariamente por tributos que guardan una relación directa con el nivel de actividad.

Sin ir más lejos, esto se reflejó en la recaudación del mes de julio que disminuyó 5,64 puntos en términos reales, lo que de persistir en los próximos 12 meses alcanzaría una suma superior a los $200.000 millones.

 

En consecuencia, tejiendo una conjetura positiva, el ajuste de $300.000 millones anunciado por el Gobierno quedaría completamente licuado.

Por lo descripto, los operadores argentinos de contratos futuros agrícolas ya descuentan que el gobierno nacional anunciará en las próximas horas un incremento de derechos de exportación tanto en soja como en cereales para generar recursos que permitan cumplir con el compromiso fiscal asumido con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

En el sector rural se murmulla que sería un error volver a tropezar con una piedra en el camino que ya demostró que no conduce por el sendero correcto y que entorpece el crecimiento, consolidándose la idea en lo inherente a que las retenciones han achicado la producción y por ende a la Argentina, y no se entiende que se tenga que revertir el déficit comercial y se siga hablando de medidas que solo apuntan a achicar la capacidad de exportación de nuestro país.

 

Y por añadidura aseguran que la realidad es que se resisten a hacer el ajuste político necesario para bajar mucho del gasto público improductivo. Por consecuencia, interpretan que pretender que otros hagan el ajuste no es sano y mucho menos para sectores productivos que con la cosecha de trigo en marcha o con la campaña gruesa incipiente, sólo necesitan reglas claras y estabilidad.

 

Para los ruralistas, en definitiva, las retenciones sólo son un mordiscón fácil a las exportaciones y un desaliento a la producción.