¿Podrá Mar del Plata volver a ser La Perla del Atlántico?

A la salida del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, el secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales (STM) de Mar del Plata, Antonio Gilardi, sostuvo que se acatará la conciliación obligatoria por 15 días hábiles, dictada por máximo organismo contralor de conflictos gremiales y este miércoles se normalizará la actividad de la órbita municipal, casi “paralizada” desde el pasado 11 de diciembre. Una de las más bellas ciudades de Latinoamérica hoy está tapada de basura, los comerciantes sufren un descontrol por el aluvión de manteros, el tránsito es caótico, y los servicios de sanidad no dan abasto. A lo largo y ancho de “La Feliz” se soportan olores nauseabundos. Inseguridad de toda índole.

 

Gilardi sostuvo que en la reunión que mantuvieron este martes en la sede local del Ministerio de Trabajo bonaerense, “se mantuvo el aumento del 14% otorgado por decreto” pero como no hubo acuerdo tampoco por el tema docente y para “mantener la paz social” en la atención de los servicios esenciales y la temporada, “se va a acatar la medida por 15 días hábiles pero puede extenderse por 5 días más. Hoy nos notificaran y la medida se suspende a partir de mañana”.

 

Por otra parte, el dirigente negó que se haya ofrecido un 17%, que mejoraría el 14% otorgado por el intendente Carlos Arroyo la semana pasada.

 

Resumen

 

El 11 de diciembre pasado los empleados municipales en Mar del Plata comenzaron con una retención de tareas a raíz de una discusión paritaria que, a más de una semana de comenzada la temporada de verano, todavía no encuentra solución. La ciudad balnearia empieza a dar signos de severo malestar, justo en la época del año en que todas las miradas apuntan a ella.

 

Los engranajes internos de La Feliz se detuvieron. En el mes en que la ciudad cuatriplica su población a fuerza de turistas, empiezan a dejarse ver los primeros síntomas del abandono municipal. Todas las partes coinciden en que hay que solucionar cuanto antes el problema, pero la falta de un acuerdo, sólo dilata una situación que empeora día a día.

 

Calles peligrosísimas con pozos espeluznantes, baldosas flojas o partidas en las veredas, caños rotos, pérdidas, volquetes y cestos que desbordan de basura, comercio ilegal, un tránsito vehicular anárquico, ramblas y playas públicas colmadas de mugre, cancelación de turnos médicos, pastizales crecidos en las plazas, falta de mantenimiento en los cementerios, demoras en trámites o el clásico calendario de Plaza San Martín anclado todavía en el año 2018, son algunas de las postales que más les duelen a los marplatenses y sorprenden a los turistas, que dicen haberse encontrado con “una ciudad severamente descuidada”.

 

Peor aún… el empresariado hotelero, inmobiliario y gastronómico, como los comerciantes han consensuado aumentos de tarifas que hacen alejar al turista argentino, el cual vuelve a mirar las costas brasileñas o uruguayas simplemente por lograr allí vacacionar en paz, en armonía.

Hoy, elegir Mar del Plata es por su belleza añeja, por su variedad de playas y espectáculos, como por estar cerca de otras preciosas localidades de otros partidos de la Costa Atlántica.

 

Mar del Plata es estratégica, lo fue, es y será. A tan solo 415 kilómetros de Buenos Aires, a 178 de San Bernardo, a 128 de Pinamar, a 119 de Cariló, a 109 de Villa Gesell, remarca una ubicación táctica.

Pero entre la desidia de sus autoridades municipales, la intransigencia de sus empleados comunales, la codicia de quienes podrían tributar precios más razonables, y la ausencia total de un Estado nacional y en especial provincial que asume una actitud nefasta por el mero hecho de estar enfrentado con el intendente, Mar del Plata luce horrible.

 

El consuelo es que recién estamos a 8 de enero. Quizás a partir de hoy todo cambie. Es tan solo una cuestión de actitud. Y en esta potencial transformación, aconsejamos a las autoridades marplatenses a lanzar URGENTE una campaña para que el mismo turista así como reclama, se queja y procura hacer valer sus derechos, cumpla con sus obligaciones y, una vez que se limpie PROFUNDAMENTE la ciudad, se la mantenga higiénica, porque así como criticamos a intendente, gabinete y empleados, como a la gobernadora y al mismísimo presidente de la República, es harto elocuente que los turistas no hacen bien sus deberes en cuanto a higiene, a pulcritud, a responsabilidad cívica en respetar básicas normas de convivencia.