Macri gobierna para los fondos

1958. Ese fue el año en el que la Argentina inauguró su historia de acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. Con el último que firmó la gestión de Mauricio Macri ya son 26 en la historia del país. Digamos que la relación es de larga data y que, para la mayoría de las personas adultas, no hay novedad en lo que implica este tipo de asistencia financiera. Sin embargo, los sucesos de la corrida de agosto -y sobre todo la de la última semana del mes- provocaron una acentuación de la política económica del Gobierno: lo prioritario es buscar tranquilizar al “mercado”.

 

Desde que asumió, y especialmente por la trayectoria profesional de gran parte de sus funcionarios, las políticas destinadas a atraer a los capitales internacionales estuvieron entre las prioridades de la administración nacional. Entre otras podemos anotar en esta columna las gestiones realizadas para entrar en la OCDE o el cumplimiento de las exigencias para que la Argentina deje de ser “mercado de frontera” y vuelva a formar parte de los “emergentes”.

 

Pero la lista es más larga. También podemos anotar acá las desregulaciones implementadas por Federico Sturzenegger, el ex titular del Banco Central, que permitieron, entre otras cosas, que capitales especulativos apuesten al famoso carry trade con las tasas altísimas en pesos (y que dejara como pesada herencia una bola de Lebac que le toca desarmar a su sucesor, Luis Caputo).

 

Este sesgo pro-mercado se exacerbó la última -y fatídica- semana de agosto. En medio de una de las peores corridas contra el peso -en la que el dólar minorista subió 20,7%-, el Gobierno decidió difundir un mensaje con un solo destinatario: los fondos de inversión que estaban vendiendo a mansalva los bonos soberanos de la Argentina (y que estaban haciendo saltar el riesgo país, incentivando el círculo de la corrida).

En un video de dos minutos y medio, Mauricio Macri comunicó que ya estaba cerrado el adelanto a 2019 de los tramos de asistencia financiera previstos para 2020 y 2021 en el acuerdo con el FMI. Con eso, pensó el Gobierno, se aseguraba u$s 29.000 millones y despejaba las dudas. Pero el mensaje no convenció (porque el acuerdo no estaba cerrado) y la corrida se profundizó.

 

La economista Victoria Giarrizo lo explica de la siguiente manera: “El mercado no tiene alma, es despiadado. No mira a quien corre. Son tiburones. No importa si es Mauricio Macri. Lo que pasa es que el Gobierno creyó que sí importaba”.

 

El Gobierno se encerró puertas adentro. La crisis, para la opinión pública, significó mirar la desbocada cotización del dólar, que ningún funcionario salió a explicar. Nada. La memoria emotiva de otros momentos de crisis con gobiernos sin reflejos hizo el resto: la angustia se generalizó. Pero el Gobierno siguió sin hablar. Se encerró un fin de semana completo dejando trascender cambios en el Gabinete que se sucedían sin confirmación y con una danza de nombres que declinaban las invitaciones porque no se cumplían sus demandas. Aun así, no habló.

 

El lunes a la mañana llegó una palabra oficial. Ya sabemos: para Mauricio Macri estos fueron los peores 5 meses de su vida después de su secuestro, la responsabilidad de lo que sucede es del contexto internacional, del kirchnerismo y de los argentinos por gastar más de lo que pueden. Ok.

 

Pero no sólo de gestos está hecha la política. Las decisiones concretas estuvieron todas orientadas a llevarle “tranquilidad” a los mercados. Alfombra roja para el sector financiero, retenciones para los sectores productivos y el agro; y eliminación de ministerios ‘poco importantes’ como Salud, Trabajo o Ciencia, porque esos ‘lujos’ no puede permitirse un estado en quiebra (lo de ‘poco importantes’ y ‘lujos’ es una ironía, claro).

 

El subtítulo de la semana se carga una de las frases más usadas para explicar la política económica de esta administración nacional: que gobiernan para los ricos.

El saldo que dejó la última corrida, además de una renegociación con el FMI y una devaluación del 50% en un año, es una nueva fase del Gobierno: ya no gobiernan para los ricos. Gobiernan para los fondos.

 

Estefanía Pozzo, joven pero ya reconocida pluma especializada en Economía, es contundente y muy certera al sellar que “Los ricos tienen cara, los fondos ni siquiera la tienen”.