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Los grandes problemas de la calidad educativa en la Argentina

El casi nulo estímulo salarial-profesional del docente, con sueldos execrables, con futuros previsionales aciagos y cuadros de salud psicofísica ostensiblemente deteriorados, la infraestructura, los contenidos curriculares, y el contexto socio-cultural son algunos de los motivos del rendimiento controvertido del educando argentino.

 

Son incontables los problemas, los  conflictos, las trabas, las carencias que sufren los educadores en nuestro país, y la coyuntura encuentra su explicación en diversos factores de distinta índole.

Es necesario poner la lupa tanto en el presupuesto que otorga el Estado a la Educación, la obsolescencia de los programas de estudio, las (in)comodidades que ofrecen las escuelas, la dedicación de los chicos hacia el estudio como el compromiso de sus padres o tutores y el contexto socio-económico en el cual están insertos.

 

Comencemos hablando de salarios… ¿Por qué una vez, en plena campaña electoral, la gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal dijo que un docente no podía ganar menos de 40 mil pesos y ahora, siendo mandataria de la máxima referente provincia de la república, cuestiona tanto las pretensiones de esos mismos maestros que hoy ganan menos de la mitad de lo que ella una vez enfatizó cuando era opositora a la Gestión K?

¡Esta contradicción es la que tanto daño le ha generado a la Política Educativa en nuestra bendita Nación!

 

Si presidente y gobernantes quieren docentes motivados, debemos empezar por jerarquizar esta dignísima profesión. Tenemos autoridades con autos pagos por el Estado, viajes pagos por el Estado, viáticos pagos por el Estado, cajas chicas pagas por el Estado, y hasta indumentaria paga por el Estado.

Tenemos un presidente que para visitar a un policía herido internado toma un helicóptero, para ir a un Comedor Comunitario, toma un helicóptero y así podemos enumerar innumerables, incontables ejemplos de gastos descomunales en los cuales incurren los funcionarios, o de modo especial Mauricio Macri… Pero los docentes continúan desde hace décadas con sueldos que conllevan la necesidad de tener hasta tres trabajos para subsistir con entereza.

 

Y no es la primera vez que lo decimos… ¡Hay docentes que salen de una escuela y entran a otra!!! ¡Hay docentes que trabajan de cajeros en supermercados!!! ¡Hay docentes que cuidan niños o trabajan de empleadas domésticas!!! ¡Hay docentes que no comen bien, que no duermen bien, que no viven bien!!!

Como también vamos a reafirmar: hay jubilados docentes que la están pasando muy mal.

Entonces, ¿cuál es la perspectiva del educador argentino? ¿Qué motivación tiene? ¿O van a seguir hablando de la vocación? ¡Por favor! Lean un poquito de historia… Hubo una época en la cual ser maestro era poseer una investidura como de magistrado. Ser docente, era un honor, un orgullo. ¡No se perdió vocación! La Política Educativa se deterioró, se denigró, así de simple. Muchos docentes que deben sacrificarse e ir de un trabajo a otro no pueden capacitarse. ¡No es no quieren…! ¡NO PUEDEN! O quizás sí…, es verdad… falte acicate.

 

¿Por qué no se prueba con aceptar los reclamos de los maestros? ¿Por qué no se prueba con reivindicar sus derechos? ¿Por qué no se los equipara con un legislador, con funcionarios de alto rango, con juristas?

¡Seguro que tendremos docentes motivados!!! ¡Seguro que habrá menos docentes enfermos o se acabarán las enfermedades psicofísicas producto de stress, de angustias, de zozobras, de frustraciones, de impotencias, de extenuación!!!

 

¿Pero qué pasa? ¡No quieren! ¡No quieren una Argentina EDUCADA! Necesitan una Argentina INCULTA. Necesitan un país IGNORANTE. Necesitan ANALFABETOS, sobre todo NO PENSANTES. ¿Para qué…? Para seguir MANDANDO un selecto grupo, una élite SÍ PREPARADA, aunque una lástima que cultivada para realizar negociados ESPURIOS.

 

La infraestructura

 

¿Qué aliciente pueden tener maestros con aulas congeladas en invierno y un infierno en verano? ¿Qué atractivo puede provocar a los propios alumnos estudiar en esas condiciones?

Si bien es cierto que hay escuelas nuevas o puestas en valor, ¿cuántos edificios escolares están destruidos y hasta representan un peligro latente?

 

¿Pueden tener ganas educadores y educandos de ir a estos inmuebles devastados, con aulas sin el mobiliario adecuado, con sanitarios insalubres?

¿Pueden tener motivación personal administrativo o auxiliares cumpliendo sus quehaceres sin las herramientas imprescindibles, sea tecnológicas, o hasta de limpieza?

¿Se puede plasmar la estimulación indispensable sin el flujo lumínico necesario, sin instalaciones eléctricas adecuadas?

 

Ahora bien… ¿Y si trabajaran en estas condiciones políticos, legisladores, ediles, magistrados…??? ¡Pero solo se critica las inasistencias o período de vacaciones de los docentes!!! Claro… ¡No se habla de los faltazos de los diputados, de los senadores, de los concejales, de la cantidad de sesiones!!! ¡Ni siquiera se habla de las largas vacaciones que suele tomarse el presidente…!

¿Por qué no se habla de cuántos días funciona a pleno el Congreso de la Nación? ¿Por qué tanto lujo en la mayoría de las oficinas o edificios de presidencia?

 

¿Por qué nuestros próceres andaban en sulky, en diligencias, en carruajes, o hasta a caballo y/o mula a pelo? Recorrían miles de kilómetros, sin rutas, con toda clase de riesgos, de peligros, de amenazas.

Pero es un tema de profunda trascendencia la compra de otro avión para Mauricio Macri.

 

¿Y si todos los funcionarios no tuviesen autos oficiales, no viajaran en avión, no viajaran en micros suites, no tuviesen gastos reservados? ¿No durmieran en hoteles 4 Estrellas? ¿No se podría mejorar la calidad educativa, respecto a la precariedad edilicia de incontables edificios con ese ajuste?

 

Falta de actualización curricular

 

¿No llegó la hora de abordarse el tratamiento de una profunda, de una honda metamorfosis en materia curricular?

¿No es tiempo de entusiasmar a los alumnos con programas que incentiven sus cualidades innatas?

 

Con internet, con redes sociales, con altísima evolución tecnológica, ¿no se pueden rever programas educativos obsoletos?

 

¿No se puede incitar en el aprendizaje de las materias tendiendo a una especialización de la currícula?

¿Por qué no educar desde pequeños en lo concerniente a llegar a ser un atleta de alto rendimiento? ¿Por qué no hurgar por futuros músicos de prominencia? ¿Por qué no indagar si en nuestra escuela tenemos futuros dibujantes de relieve?

 

¿Y si descubrimos talentos y los fomentamos  a partir de sus habilidades, en vez de llenarlos de conocimientos que concluida la Secundaria habrán servido de muy poco?

¿Por qué no potenciar o impulsar escuelas especializadas que atienden los talentos, destrezas e intereses de los estudiantes para ofrecer alternativas innovadoras de enseñanza y fortalecer los procesos administrativos, fiscales y docentes?

 

¿Por qué no otorgar una educación de excelencia con proyectos renovadores y/o reformadores, consagrándose el Derecho a una Educación que tienda al pleno desarrollo de la personalidad, encausando esas virtudes a una plena realización, partiendo de la idea de que cada estudiante es una persona con necesidades, aspiraciones y aptitudes singulares?

 

El contexto socio-cultural

 

Hete aquí uno de los puntos de extrema conflictividad. Es utópico que el ámbito escolar pueda escaparle al clima de confrontación, violencia, división que actualmente se respira en casi todos los rincones de la sociedad argentina.

 

Existe un contrapunto claro en la mayoría de las escuelas argentinas. La premisa de la inclusión choca de manera directa con la de búsqueda de calidad.

A diario, los maestros, los profesores deben comprender dimensiones de la profesión docente que no figuraban en los textos que estudiaron ni tampoco integraban la erudición que les fueron transmitidas.

 

Así incorporan, progresivamente, modos nuevos necesarios para el diálogo con la realidad. No alcanza con la elemental cultura pedagógica recogida.

Asumen el tenor de la escuela; y en infinitos casos la versión concreta y las heterogeneidades como precariedades de las familias del alumnado junto a los angustiosos problemas sociales que suelen traer desde sus hogares.

Se aprende a tender puentes con la realidad y a nutrirse con esas vivencias de toda una comunidad circundante.

 

Y vale subrayar un dato histórico… Allá por los ’70, y seguramente para más atrás, las escuelas, aceptaban en sus matrículas a chicos y docentes del barrio o área. Por ello, la integración, la inclusión era más equilibrada.

Inclusive, los pocos colegios privados o públicos pero de Gestión Privada también formalizaban esa premisa.

 

De este modo, los alumnos y docentes vivían cerca del Establecimiento, plasmándose una férrea asistencia y asimismo se fortalecían las interrelaciones extra-escolares.

Hoy, el panorama es muchísimo más complejo. Docentes que hasta son de parajes lejanos, alumnos cuyos padres quieren que vayan a tal o cual escuela pero viven en otro punto extremo de la ciudad.

 

Por añadidura, se da una heterogeneidad de condiciones muy remarcada y ese es el origen de disgregaciones, desintegraciones, descomposiciones y hasta segregaciones o discriminaciones.

Hasta esa problemática afrontan los docentes. La carencia de homogeneidad de los grupos por curso, lo cual influye directamente en lo inclusivo o en lo exclusivo.

 

Para cerrar… No podemos olvidar la situación que soportan desde hace no menos de dos décadas los maestros. La proliferación de familias destruidas, de matrimonios rotos y todas las consecuencias que van aparejadas.

 

Conclusión

 

En primer lugar, debe reconocerse el problema y no minimizarlo. Abstrayéndonos por ahora de las causas, es importante que asumamos que estamos en “emergencia educativa”; el riesgo de no educar ya pasó de ser un riesgo para convertirse en realidad, y la Ley de Educación Nacional que, desde hace más de una década, garantiza “las condiciones materiales y culturales para que todos los alumnos logren los aprendizajes comunes de buena calidad independientemente de su origen social, radicación geográfica, género o identidad cultural” no se cumple (entre otras muchas que tampoco se cumplen). Asumir esta dura realidad es una obligación moral. Negarla es contribuir al engaño.

 

En segundo lugar, debemos hacer todos los intentos, todos, para acordar los pasos concretos que deben recorrerse cuanto antes para salir de esta situación (y que la misma no se agrave). Llegó el momento de grandeza patriótica. No es posible que las posiciones extremas impidan trabajar juntos a representantes de los sindicatos, de los gobiernos respectivos, del mundo académico y político, y de organizaciones sociales y de padres, en pos de la mejora de la escuela pública. Mucho más importante que las diferencias es el futuro de la Nación.

 

El tema requiere de un esfuerzo sublime de todos por escuchar y comprender las distintas propuestas y superar las diferencias en un Pacto Nacional, en este caso educativo que, así como en 1983 puso en el centro a la democracia, ahora dé prioridad a la educación. Es que debemos entender que es la base de la República.

 

Es por eso que reunir a estos representantes (por una semana o por los días que fueren menester) en algún lugar del interior de nuestro país a trabajar exclusivamente en un acuerdo, debiera resultar en un acto de madurez y responsabilidad de los adultos hacia el principal desafío que tenemos como Nación: unirnos en pos de la mejora educativa nacional. Sin esta base, será muy difícil imprimir la contundencia y la fuerza transformadora que la cuestión supone.