LEGADO DE PERÓN: LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA GRATUITA ACARICIA LAS SIETE DÉCADAS

El 22 de noviembre de 1949, el presidente de la Nación Juan Domingo Perón firmó el Decreto de Supresión de Aranceles Universitarios. A pesar de su importancia radical en la conformación de un verdadero sistema universitario amplio y democrático en consonancia con las bases liminares de la Reforma de 1918, este decreto pasó inadvertido para la historiografía tradicional. En 2007, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner declaró el 22 de noviembre como el “Día de la Gratuidad Universitaria”.

 

Cuando se habla de la historia de las universidades nacionales, el hecho que comúnmente se registra como hito clave que marcaría un antes y un después es, sin dudas, la Reforma de 1918. Nuestra Universidad de hoy, pública y gratuita, sería producto de aquel impulso democratizador.

 

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche nos decía que para los seres humanos es imposible recordar el pasado entero, que necesariamente hay cuotas que permanecen en el olvido, y que se recuerda sólo algunos fragmentos de la historia.

Ahora bien, ¿qué hace que una sociedad retome algunos hechos del pasado y que otros los mantenga alejados de su memoria colectiva?

 

Para la gran mayoría de los relatos historiográficos del campo académico que se constituyó en los últimos años de la dictadura y se consolidó en los primeros de la democracia alfonsinista, el Peronismo, sobre todo el primero, ha tenido una relación al menos problemática, por no decir repulsiva, de lo que sería el desarrollo cultural e intelectual de la sociedad.

Como si le hubiesen creído demasiado a la frase de aquellos años “alpargatas si, libros no”. Campo historiográfico que siempre gustó de mencionar como “época dorada” de la universidad el período que comienza a partir del golpe de Estado de 1955.

 

Hemos leído en muchos libros y artículos que la única política cultural del peronismo había sido la persecución a determinados pensadores, la intervención en las universidades, la censura y el autoritarismo. Nada relacionaría al peronismo con aquella reforma del 18. Más bien, serían incompatibles.

 

Quizás el libro más emblemático en este sentido sea Perón y su tiempo del gran divulgador Félix Luna. Hacia el final de cada tomo, son tres, hay una cronología bastante detallada, año por año, de las medidas más importantes. Nada se dice en el punteo de 1949 acerca de la universidad. Publicado en 1984, este autor estuvo siempre atento a la hora presente en que escribía y los primeros años alfonsinistas prestaban sus oídos a esa lectura acerca del peronismo.

 

Pero fueron pasando los años y salvo contadas excepciones, la omisión se fue profundizando. El gran padre del campo historiográfico al que aludíamos, Tulio Halperin Donghi, publicó hace no mucho, en el 2008, sus memorias. Allí nos cuenta que entró a la Universidad cuando Perón ya era presidente. Narra con minucia nombres de profesores, algunos seminarios y exámenes que ha atravesado. Pero tampoco se puede desprender de allí algún vínculo entre los reclamos de los reformistas del 18 y el peronismo, ni se dice nada del decreto que Perón firmó en 1949.

 

Nos referimos al decreto 29.337 firmado por el presidente el 22 de noviembre de 1949, a través del cual se suspendió el cobro de aranceles en las universidades nacionales.  Pasaban a ser gratuitas. En la justificación del texto se decía que “el engrandecimiento y auténtico progreso de un Pueblo estriba en gran parte en el grado de cultura que alcance cada uno de los miembros que lo componen”.

Agregaba “que una forma racional de propender al alcance de los fines expresados es el establecimiento de la enseñanza universitaria gratuita para todos los jóvenes que anhelen instruirse para el bien del país”.

 

Se trató de una medida que impulsaba la inclusión de sectores antes marginados del capital cultural más elevado de nuestro país. Permitió, además, considerar a la educación universitaria no como un privilegio, sino como un derecho social.

Lograba el peronismo de este modo una medida que ni siquiera habían soñado los reformadores del 18. No podía ser de otra manera, el decreto suscitó numerosas críticas principalmente de aquellos sectores que habían gobernado la universidad durante los años anteriores y desde las organizaciones estudiantiles FUA y FUBA.

 

Pero esta no fue una medida aislada. Durante los dos primeros gobiernos peronistas se creó la Universidad Obrera Nacional, se expandieron como nunca antes las escuelas técnicas, se reemplazó el viejo Ministerio de Justicia e Instrucción Pública por el de Educación, otorgándole a esta cartera la debida jerarquía dentro del Estado.

Además, se normalizó la carrera docente a través de la formulación de un estatuto en el año 1954. Como consecuencia de todas estas medidas se dio un fenomenal aumento de la matrícula universitaria que pasó de 40.284 alumnos en 1945 a 138.871 en 1955.

 

Incluso más, hay que incluir el decreto que se sancionó solo unos meses después, en la profunda reforma de la Constitución nacional que se hizo ese mismo año que, entre otras cosas, además de reconocer la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer, sumaba derechos laborales fundamentales para la clase obrera argentina.

También, incluirlo dentro de los planes quinquenales, sobre todo del segundo, lanzado en diciembre de 1952, que daba un lugar central a la formación y capacitación científica.

 

El peronismo fue una máquina de producir ascenso social no sólo a partir de una nueva redistribución material, sino que también lo hizo, como bien lo retrata Daniel James, en el plano simbólico, cultural y social.

Pese a que durante largas décadas, la sanción de este decreto permaneció en el olvido, y la gratuidad de la universidad parecía un derecho inalienable de los argentinos, en el 2007, el Congreso Nacional decidió que el 22 de noviembre fuera declarado como el “Día Nacional de la Gratuidad Universitaria”.

 

Todavía falta que desde el ámbito universitario y su campo historiográfico se indague sobre esta zona de nuestro pasado.