Homenaje póstumo a un maestro del Periodismo Deportivo: ¡Gracias Hugo Gregorutti!

ESPECIAL (por Francisco Pancho Calderón).- El 12 de diciembre de 2017 falleció más que un colega del Periodismo Deportivo: murió un maestro de la Prensa. Me enteré ayer por accidente, recorriendo la Red Social Facebook. Vaya uno a saber por qué circunstancia de nuestro trajinar maquinal, nada supe de tan aciaga noticia hasta este domingo. Pasó poco más de un año, pero nunca es tarde para revalidar un sentido homenaje. Imposible olvidar a Hugo Gregorutti, un decano de esta profesión.

 

La vida hizo que lo conociera específicamente en la redacción de El Diario cuando un día fui a contar, allá por noviembre del ’86, mi experiencia en la Academia Olímpica Argentina. Fue ese día en el cual con su aprobación, Armando Degani me dijo: “ché… hacen falta cronistas para el básquet y también para el fútbol, ¿no te animás a cubrir partidos?…”.

 

Por aquella época yo era entrenador de Primera a Escuelita en el Club San Martín de Barrio Gazzano y jugaba al fútbol en Belgrano. Me pareció bárbara la idea. Tan feliz estaba que ni siquiera pregunté, como sí hoy es algo habitual para los jóvenes que se inician en esta actividad, cuánto cobraría o mejor dicho, si cobraría algo. El solo hecho de haber sido invitado a colaborar con El Diario para mí era un honor.

 

Previamente a confirmar mi inclusión en el staff de cronistas ‘volantes’ donde estaba Elio Aldo Cantero, Juan Sebastián Pagano, Ricardo Aguiar, más la apoyatura de Daniel Enz y Hugo Remedi, entre otros (luego se sumaría casi simultáneamente Sergio Cantero), Mandy me anticipó que él proponía, pero quien decidía era Hugo Gregorutti.

 

Hablamos con Hugo y no hubo inconvenientes. Ahí sí, el papá del Dr. Claudio Gregorutti me informó que cobraría a fin de mes todas las crónicas que realizara y que tendría todos los días el diario gratis.

 

Hoy sería, más o menos, el sándwich y la coca, sin boleto de colectivo, menos taxi (no existían los remises…) o ni hablar de nafta para el Fitito Modelo 1963. Pero era un orgullo enorme ser convocado.

 

En ese momento, no existía otro diario y solo había un par de FM’s que no le daban interés al deporte. O sea, era El Diario y LT 14. Punto. Formar parte de dicho periódico te otorgaba un prestigio singular.

 

Así arrancó mi derrotero en esta profesión. Por idea de Mandy, por presentación de Mandy, por aval de Hugo Gregorutti.

 

Ellos se jugaron por mí y ellos fueron quien recomendaron que cubriésemos el 54° Campeonato Argentino de Basquetbol en tierras cuyanas, adonde fui pocos días después de haber nacido Matías, mi primer hijo.

Resultó esa mi primera experiencia “grande” como flamante “periodista”.

 

Y fueron Mandy y Hugo quienes más fuerza hicieron para que con el tiempo me pasen de Cronista ‘Volante’ a Cronista dentro de la redacción, algo que se hizo esperar un año entero. Hasta ese momento era primero pasarle la data inicial por teléfono, luego podía redactar la crónica en mi casa y llevarla (yo vivía a pocas cuadras) o sentarse al lado de Hugo o Mandy y que ellos elaboren la nota pertinente dado que las máquinas “picadoras” eran para los redactores y, es obvio…, no había Internet.

 

Con el pase a Cronista-Redactor fueron Mandy y “Grego” también quienes dieron la idea de insertarme en el sector de teletipo, una responsabilidad grande, sin dudas.

 

Desde ese día, el compromiso con dicha labor se fue incrementando, como así también en cada responsabilidad conferida mucho tuvo que ver las fuerzas hechas por el “Cabezón” y la aprobación de Hugo para otorgarme ese deber.

 

En esa gestión los conocí en profundidad. Tipos de enorme corazón. Llanos. Humildes. Peculiares. Especiales. A veces contradictorios. Muy de defenderte con pasión ante coyunturas internas, o ser por demás incisivos en alguna que otra crítica o reto.

 

Pero más cerca de mi desvinculación de El Diario, y hablando de box, nunca olvidaré cuando Mandy y “Grego” aconsejaron que fuera yo quien cubra las exequias del gran Carlos Monzón, allá por enero del ’95. Un acontecimiento que en mis casi cinco lustros de trayectoria sigo considerando como hito de mis desempeños a nivel redacción.

 

Después, el destino hizo que se tomasen malas decisiones (de ambas partes…) y se diera mi tristísima ruptura con la empresa perdiendo contacto con la mayoría de mis ex compañeros, entre ellos con Armando y Hugo mis mentores.

 

Hugo honró esta profesión, -de por sí ultra vituperada-, con convicciones inclaudicables. Defendió de modo inquebrantable lo autóctono. Era hincha de Racing, como yo, pero a él le interesaba lo nuestro por sobre lo nacional o lo importado. Su frase predilecta era: “tenemos que apoyar lo lugareño” y jamás cesó de dogmatizar en cuanto a que la crítica siempre debía ser constructiva y dejar margen para el crédito más que para el debe.

 

Imposible olvidarlo profesar que “si no promocionamos lo de nosotros, los colegas de Buenos Aires no van a hablar de nuestros deportes. Para eso estamos y debemos hacerlo bien, sin chuparle las medias a nadie pero sin atacar innecesariamente”.

Y remataba: “hay que opinar lo justo y necesario, más vale contar lo que pasó, que erigirse en críticos”.

 

Obviamente, en mi pluma primaba el respeto por sus lineamientos, aunque a veces, era imposible soslayar lo subjetivo, y solían pasar varios días en que me miraba de reojo y ni me hablaba con tal de no discutir por mi típica acidez en ciertas Editoriales. Era sabio Hugo. Transmitía cosas solo con una mirada.

 

Hoy camino rumbo a las cuatro décadas (transito por los 32 años de ejercicio) y cada año que pasa más se refuerza la añoranza, la nostalgia por lo que disfruté aprendiendo de hombres como Hugo, como Mandy y tantos otros que ya no están, que nos dejaron para guiarnos desde el Cielo.

Seguro que fui un alumno rebelde, insurrecto, revolucionario; pero algo debo haber aprendido.

 

Al menos, aprendí a no ser ingrato y tener el orgullo de esgrimir un toque distintivo, diferenciándome de tan borrascoso presente, en el cual difícil es hallar muchos colegas agradecidos, con buena memoria.

Palabra de honor Hugo… Como lo hice con Mandy Degani, prometo no olvidarte, prometo tenerte siempre presente.

 

Saludos a Mirko Antelo, Cedil Julio Maradey, Lorenzo Ricca, José Alejo Acosta, Rubén Orlando Cabrera, Héctor Batello, Fito Kaplán, “Paganito”, Sergio Cancé, Héctor Darrichón, Rubén Franchini, Hernán Cittadino, Jorge Santana, Elio Aldo Cantero y tantos colegas inolvidables con quienes seguramente estás compartiendo jugosas tertulias.

 

Inevitable ponerme triste por no haberlo despedido como merecía. La pena desgarra lo más recóndito del alma. No obstante, mi corazón está sereno…Nunca dejé de decirle que gracias a él y a Mandy Degani, di mis primeros pasos en esta profesión y me fui curtiendo, fui formándome como periodista y como persona.