Caso Eliana: la consigna debe ser no callarse más

Comenzaron las audiencias por el juicio que le hace Gabriel Ramón Abelendo, director obrero del IAFAS, a Eliana, paradójicamente denunciante de malos tratos, y abuso de poder contra el precitado dirigente gremial. Mientras la Justicia dilucida tan sensible coyuntura, es imprescindible apelar a la consciencia de quienes son víctimas cotidianamente de innumerables flagelos inherentes a violencia de género en el seno de la Administración Pública estatal, y se proceda valientemente a revelar tan execrables conductas. Para ello, es vital el apoyo de autoridades que deberían expresarse mediante un claro manifiesto.

 

El Departamento de Género ATE – Secretaría de Género e Igualdad de Oportunidades de la CTAA se ha promulgado en cuanto a la problemática que envuelve a una empleada del IAFAS y a un director del precitado Organismo, inculpado de presuntos actos concomitantes a violencia de género.

 

“Eliana está en la parte de control con las cámaras de seguridad. Después de años de aguantar, de denunciar las situaciones a sus superiores sin recibir respuesta, lo denuncia públicamente, y es ahí cuando este macho se siente ofendido y difamado, por lo que realiza una denuncia por calumnias. Eliana no sólo denuncia por ella, sino que es portavoz de sus compañeras que sufren las mismas situaciones de violencia, y por todas las trabajadoras de la administración pública que a diario tienen que soportar tratos violentos y denigrantes por parte de tipos machistas y violentos. #NoNosCallamosMas”, invocan desde la mencionada área.

 

Como toda la violencia de género, las mujeres son más afectadas que los varones. Es menos denunciada por el temor a perder el trabajo o sufrir represalias que afecten su trabajo e ingresos y en el entorno también se cuidan de posibles represalias ya que desde las mismas jefaturas, y hasta con liderazgos femeninos, nada se hace en defensa de las trabajadoras damnificadas. Esto, sumado a la vergüenza que sienten las personas que la padecen y por eso no denuncian, contribuye a su invisibilidad y naturalización.

 

Frente a esto, surge la necesidad de que todos los ámbitos de Gobierno se aboquen a considerar esta forma de violencia, a elaborar protocolos que deban aplicar las empresas y los sindicatos, teniendo en cuenta que no es algo menor porque afecta a muchas más mujeres de las que denuncian.

 

Violencia laboral es: “toda acción, omisión o comportamiento, destinado a provocar, directa o indirectamente, daño físico, psicológico o moral a un trabajador o trabajadora, sea como amenaza o acción consumada. La misma incluye violencia de género, acoso psicológico, moral y sexual en el trabajo, y puede provenir de niveles jerárquicos superiores, del mismo rango o inferiores”.

Puntualmente, se trata de:

 

-una forma de abuso de poder que tiene por finalidad excluir o someter al otro.

-Puede manifestarse como agresión física, acoso sexual o violencia psicológica.

-Puede presentarse tanto en sentido vertical (ascendente o descendente) como entre pares.

-Puede ejercerse por acción u omisión.

-Afecta la salud y el bienestar de las personas que trabajan.

-Configura una violación a los derechos humanos y laborales.

 

Formas de violencia laboral

 

Agresión física: Toda conducta que, directa o indirectamente, esté dirigida a ocasionar un daño físico sobre el o la trabajador o trabajadora.

Acoso sexual: Toda conducta o comentario reiterado con connotación sexual basado en el poder, no consentido por quien lo recibe.

Acoso psicológico: Situación en la que una persona o grupo de personas ejercen un maltrato modal o verbal, alterno o continuado, recurrente y sostenido en el tiempo sobre un trabajador o trabajadora buscando desestabilizarlo, aislarlo, destruir su reputación, deteriorar su autoestima y disminuir su capacidad laboral para poder degradarlo y eliminarlo progresivamente del lugar que ocupa.

 

Consecuencias de la violencia laboral

 

En el trabajador o trabajadora: afecta su salud psicofísica y puede producir consecuencias negativas en sus relaciones sociales en general y familiares en particular.

En la organización: produce malestar entre los trabajadores/as, disminución en la productividad, desaprovechamiento de capacidades, pérdidas económicas, desprestigio social.

En la sociedad: consolida la discriminación, favorece el descreimiento en las instituciones y en la justicia.

 

Creo que todos reconocemos que esta lucha por la igualdad, la seguridad y el respeto sigue vigente y está presente en todo el mundo, sea cual sea nuestro lugar de origen. Las dificultades que afrontan las mujeres revisten diversas formas, algunas visibles, otras menos. No podemos dar por terminada nuestra labor.

 

Estamos seguros que todos estamos de acuerdo en que, de las diversas expresiones de la discriminación sexual que aún es preciso eliminar, la violencia de género es especialmente deshumanizante, omnipresente y opresiva.

 

Por ende, consideramos que poner fin a la violencia de género en el trabajo es parte integrante del objetivo que debe esgrimir el Estado de promover el trabajo decente para todas las mujeres y todos los hombres en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana.

 

La violencia en el mundo del trabajo es profundamente perjudicial para las mujeres y los hombres y entraña consecuencias inevitables para sus familias, así como para la sociedad y la comunidad. Se trata de una vulneración de los derechos humanos tanto como de un problema sanitario, educativo, jurídico y socioeconómico. Las mujeres suelen ser especialmente vulnerables a la violencia, ya sea debido a la naturaleza de sus empleos o a su situación en la sociedad en general.

 

No nos cabe duda de que estamos todos vinculados por la obligación moral imperiosa de poner fin a la violencia de género. Existen también fundadas razones empresariales para eliminar la violencia en el lugar de trabajo debido a los costos que acarrea a las empresas: ausentismo, aumento de la rotación del personal, menor rendimiento en el trabajo y disminución de la productividad, imagen pública negativa, pago de honorarios legales, costas procesales u otros gastos asociados, y aumento de las primas de los seguros.

 

Para los trabajadores, estas situaciones pueden provocar estados de gran estrés, pérdida de motivación, aumento de accidentes y discapacidades, o incluso la muerte. La influencia de las políticas globales de seguridad y salud en el trabajo con una perspectiva de género y de una cultura de prevención es positiva e indica el rumbo que debemos tomar.

 

Todos sabemos que queda mucho por hacer en el ámbito jurídico, al igual que en otras áreas. Ningún tratado internacional en materia de derechos humanos contiene una prohibición explícita de la violencia contra las mujeres y, desafortunadamente, esta cuestión sigue estando mal definida y poco reconocida en el marco de las normas internacionales sobre derechos humanos, y con frecuencia en el lugar de trabajo y en las relaciones laborales.

 

Concebimos entonces que todos estos elementos representan oportunidades para orientar la labor del Gobierno en esta situación contextual sobre maneras eficaces para abordar la violencia en el trabajo, incluido el acoso sexual y otras formas de acoso, la agresión física, verbal o psicológica, la intimidación, las vejaciones y el hostigamiento.

 

En algunas áreas en las que la fuerza de trabajo es fundamentalmente femenina, las mujeres están especialmente expuestas a la violencia.

Si queremos poner fin a la violencia de género en el mundo del trabajo, debemos tomar en consideración las siguientes cuestiones:

-la legislación y los mecanismos de aplicación en materia de derecho laboral deben ser coherentes y eficaces, con miras a la entrada en vigor de leyes de naturaleza proactiva y mecanismos específicos de presentación de denuncias que ejerzan un efecto disuasorio;

-los códigos del trabajo y el derecho penal, civil o de familia, así como otros cuerpos legislativos, deben ser coherentes entre sí y no sólo contemplar sanciones, sino también prever incentivos para reforzar la lucha contra la violencia en el trabajo.

-se deben eliminar los obstáculos para que las mujeres tengan acceso a la justicia, incluida la justicia laboral; y

-se debe prestar una atención especial a la economía informal que emplea a numerosas mujeres, a menudo de manera oculta y desprotegida.

 

En un momento en que la eliminación de la violencia contra las mujeres ocupa la primera plana en los medios de comunicación argentinos, se abre ante nosotros una ocasión excelente para realizar progresos concretos y significativos, imprimiendo un nuevo impulso al compromiso en favor de las medidas drásticas a tomar en el marco de la iniciativa encaminada a detener la violencia en el trabajo.