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Anti-Peronismo… Anti-Kirchnerismo… “tibios”… Todos los extremos son malos

ESPECIAL (por Francisco Pancho Calderón).- Me desperté cuando el sol tímidamente procuraba vencer la batalla a un clima infernal que viene causando estragos. Tras agradecer a Dios el estar vivo y proceder a mis ritos habituales de higiene y otras yerbas, abrí la compu y me encontré con este “chiste” que ilustra la presente Columna. Automáticamente, mi día arrancó pensando en el drama que estamos padeciendo en este seno familiar. Mi padre fue Peronista, de raza. Fue un político de pura cepa. Y murió en la Quiebra. El 6 de marzo nos remata la causa un juez que nos decepcionó arteramente. Solo UN Peronista nos asistió en lo fáctico. Otros llamaron y prometieron. La mayoría nos ignoró. ¿La Oposición? Peor aún… Sin embargo, afianzo el criterio que generalizar es malo, nocivo, tóxico.

 

El Peronismo es una doctrina, un movimiento. Es muy injusto, inadecuado, odioso olvidar que el Peronismo sufrió proscripciones, fusilamientos, bombardeos, cárcel arbitraria, y un escarnio execrable.

Pero más condenable resulta el meter a todos los políticos, sea cual fuere el Partido, en una misma bolsa.

 

Miren con atención la imagen que han creado… Obviamente que automáticamente se vinculará a que la riqueza es un poder usurpado por la minoría para obligar a la mayoría a trabajar en su provecho; o que un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar.

Lo que ignoran es que la igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, o ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse.

 

Por ello pregunto… ¿en el Anti-Peronismo tan crítico de manual, qué Opositor está inmaculado como para blandir o enarbolar la bandera de la moral, de la ética?

¿O no serán aquellos que justifican que los ricos tienen más dinero, y los pobres, más niños?

 

El primer signo de la corrupción en una sociedad que todavía está viva es que el fin justifica los medios, y no hay nada más confuso que propagar el mensaje inherente a que la política es el paraíso de los charlatanes.

El poder político NO es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra. NO es exclusivamente el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

 

Si bien podemos admitir que la política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación, no creo justo concebir que la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos.

 

Tampoco concuerdo en que la política sea el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros.

Más aún rechazo tajantemente que la política pueda erigirse a menudo en el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de crear otros imaginarios e injustos.

 

Friedrich Nietzsche, allá por el 1900 argumentaba que “Un político divide a las personas en dos grupos: en primer lugar, instrumentos; en segundo, enemigos”, relacionando el axioma que fogonea “Hasta en las democracias más puras, una minoría privilegiada detenta el poder contra la mayoría esclavizada”.

 

Una democracia NO es una aristocracia de oradores, interrumpida a veces por la monarquía temporal de un orador, aunque puedo intentar descifrar un apotegma bicentenario esgrimido por Immanuel Kant: “La democracia constituye necesariamente un despotismo, por cuanto establece un poder ejecutivo contrario a la voluntad general. Siendo posible que todos decidan contra uno cuya opinión pueda diferir, la voluntad de todos no es por tanto la de todos, lo cual es contradictorio y opuesto a la libertad”.

 

Vale la pena reflexionar que tal vez, quizás, la aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; de tal manera que es irrevocable, inexcusable interpretar que la cobardía es un consentimiento; y con estos chistes de mal gusto, existe solidaridad y participación vergonzosa entre el Gobierno que hace el mal y el Pueblo que lo deja hacer.